Yeserías

Yeserías

si en lugar de (ad)mirar el arte a través de una cámara lo hacemos directamente disfrutaremos mucho más de la experiencia espiritual (para muchos) que ofrece el arte, y si esto se consigue así, sin más, posiblemente sea mejor la experiencia una vez comprendida la obra, ya que la comprensión y el conocimiento nos hace respetar y admirar más aún lo que nos rodea y convierte en humanos.

El arte lo inunda todo. Es algo que está ahí “desde siempre”, desde que el hombre es hombre ya que éste ha sentido siempre la necesidad de comunicarse y plasmar de manera física ideas, pensamientos, creencias, hechos, etc. Desde la oscuridad de las cuevas prehistóricas hasta los joyeros de luz de las catedrales góticas, pasando por escaparates o anuncios publicitarios, el arte está ahí y hay que pararse un momento a verlo, analizarlo y disfrutar de su presencia y lo que nos transmite, esto es el goce estético.
Vivimos en la sociedad de la información, una sociedad sobresaturada de información y estímulos visuales gracias a la utilización de Internet y dispositivos que nos acercan dicha información, casi en cualquier lugar y momento. Pero lo más triste de todo es que cuando nos acercamos al arte lo hacemos tras una pantalla, es decir, se ha pasado de observar la obra directamente con nuestros ojos a hacerlo a través de la pantalla del móvil o la cámara de fotos, en un intento de captar la imagen de lo que tenemos delante sin detenernos a ver los detalles de la obra propiamente dicha.

Dicho lo anterior, es ahora cuando hemos de hablar de los detalles de un arte que, por formar parte de un abrumador conjunto, no lo disfrutamos como deberíamos, ya sea por no comprenderlo, por las prisas o por intentar captarlo con la cámara.

Estos detalles son las impresionantes yeserías de la Alhambra de Granada, unas yeserías que tienen su origen en lugares como la Región de Murcia. ¿Qué son las yeserías? Se trata de obras hechas con yeso, un material que a priori puede parecer pobre pero cuyo resultado es confundido por muchos por mármol (aunque está muy lejos de parecerse). Existen varios tipos de yeso, según su pureza (desde el yeso negro hasta otros con un alto nivel de pureza).

Respecto a esto último, los investigadores de la Alhambra han aunado la tradición de este arte con la tecnología actual para dar como resultado un yeso que se ilumina con luz infrarroja para facilitar a historiadores del arte, restauradores y otros investigadores el poder diferenciar entre las partes incorporadas (nuevas) de las originales.
Pero volviendo a las yeserías propiamente dichas, las paredes de los Palacios Nazaríes están revestidas con miles de placas de yeso cuidadosamente ordenadas y trabajadas por los alarifes del siglo XIV (y restauradas desde el siglo XV). Para resumir, las placas más antiguas se adherían a la pared con yeso negro y se clavaban posteriormente tras obtener unos preciosísimos diseños hechos a mano primeramente, para posteriormente realizarse con moldes minuciosamente trabajados.

Por otra parte, y lejos de lo que podamos creer, el resultado final de las yeserías no era el color ocre al que estamos acostumbrados sino todo lo contrario, ya que eran rematadas con vívidos colores que se han ido perdiendo con el paso del tiempo, por el efecto de los elementos atmosféricos y la actividad turística diaria (utilización del flash, gente tocando las yeserías, etc.). Estos colores eran el rojo, azul, verde, oro, negro y blanco, los cuales se aplicaban sobre una capa de preparación o imprimación que hacía que los colores se adhirieran y no traspasaran al poroso yeso inferior, tal cual se hace con las telas, tablas enteladas u otros soportes pictóricos. Por poner otros ejemplos similares, las esculturas griegas y romanas, además de los templos, estaban policromados originalmente, siendo la visión del mármol blanco que tenemos hoy un recuerdo de la moda del siglo XIX.

La luz y el agua reflejadas sobre la superficie de los muros son otros factores a tener en cuenta para disfrutar del milagro de las yeserías. Las proporciones, matemáticas, números escondidos, geometría, simbolismo, perfección y armonía están presentes en el arte andalusí (Hispanomusulmán), motivo por el que resultan tan bellas en occidente, conceptos que nos fueron transmitidos hace milenios por griegos y romanos (a quienes también debemos mucho).

Finalmente no podemos concluir sin hacer mención a los elementos decorativos que se pueden reducir básicamente a tres, destacando la belleza estética de la caligrafía árabe y los famosos mocárabes. La primera se subdivide en tres tipos de letra, pudiendo ser leída hoy día en parte por aquellos que conocen el árabe, caligrafía que, por otra parte, también se convierte en hermosos árboles y otros motivos mediante el uso de caligramas. Por su parte, los mocárabes (no confundir con las muqarnas) son formas geométricas en tres dimensiones unidas entre sí para formar una estructura colgante casi mágica.
Como conclusión, si en lugar de (ad)mirar el arte a través de una cámara lo hacemos directamente disfrutaremos mucho más de la experiencia espiritual (para muchos) que ofrece el arte, y si esto se consigue así, sin más, posiblemente sea mejor la experiencia una vez comprendida la obra, ya que la comprensión y el conocimiento nos hace respetar y admirar más aún lo que nos rodea y convierte en humanos.

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1 Comment

  • Michel Melgarejo Quesada
    16 agosto, 2018, 18:09

    Bello artículo para disfrutar de la belleza. Sí, es mejor gozar con el ojo que estarse obsesionado con hacer fotos. Lo único verdadero y real es el instante presente. Gozar con los ojos sólo no, con los 5 sentidos más el sexto: captar el espíritu del lugar que es duende…

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